La media naranja

Todos hemos oído hablar de la “media naranja”. Dicha expresión hace alusión al hecho de
encontrar la pareja perfecta. Aquella persona que nos complementará de tal modo, que todas
nuestras necesidades emocionales quedarán cubiertas y satisfechas. Y con ello, garantizada
nuestra felicidad.
Todo lo mencionado hasta aquí, requiere ser deconstruido. Nada es exacto ni real. Ni la media
naranja, ni la pareja perfecta, ni la existencia de una felicidad completa.
Si acaso, sólo a ratitos, todas ellas son posibles.
Del mismo modo que en el transcurso del día pueden llegar a alternarse todos los estados de
ánimo existentes, en una relación de pareja, también. Hay momentos de absoluta complicidad,
amor y sintonía, y otros en que nuestra pareja nos resulta el ser más desconocido, extraño e
incomprensivo. Nada tiene que ver con el otro. Todo se juega en uno mismo.
Es uno quien otorga o retira atributos al otro, en función de la propia subjetividad. Hacemos de
nuestra interpretación de las cosas, una realidad. Y no es más que eso, una interpretación. La
nuestra. Eso no es la realidad. Si acaso sólo, nuestra realidad. Como digo a mis pacientes, no
es la “realidad real”.
Es cierto, que en función del estado de ánimo en el que nos encontremos, nos será más fácil o
más costoso, tener conciencia de ello (de la maniobra interpretativa). De este modo sucede,
que cuando uno “está mal”, distorsiona absolutamente la realidad sin tener la más mínima
conciencia de ello. Lo cual, causa estragos (para el distorsionante y también, claro está, para el
distorsionado). Serían esos momentos de absoluto desencuentro, donde es frecuente
preguntarse :”¿Pero qué hago yo con este ( o esta), que no me entiende para nada?”. Uno
está convencido de que posee la verdad absoluta, y de que el otro está totalmente
equivocado.
Para poder ser feliz realmente en pareja, hay que partir de la premisa de que no se trata de
buscar completudes o complementariedades. Más que nada, porque no existen. Es una
idealización pretenderlo. Nadie, completa a nadie. Existe compartir, copiar, prestar, mirar,
escuchar…
Afortunadamente, nuestra felicidad no depende de que el otro “nos llene” o “no nos llene”, sino
de que seamos nosotros mismos quienes nos procuremos todo aquello que deseamos.
Tampoco se trata de cambiar al otro para que se adapte a “nuestras necesidades”. El otro, es
el otro, y no cambiará.
A menudo, una relación de pareja se convierte en una demanda al otro, que como suele
resultar fallida, decepciona y entristece. Diríamos que el otro NO TIENE eso que a mi ME
FALTA: Sólo desde esta perspectiva, podremos desmontar esa demanda persecutoria y
asfixiante, y disfrutar de la convivencia con un otro que también está FALTO como nosotros.
La psicoterapia es una buena estrategia, para ayudar a resolver todos esos conflictos derivados
de esa concepción errónea de una pareja como alguien que ha de llenar mi falta, y viceversa.
Sabemos que una mala relación de pareja, es un verdadero generador de malestar y
sufrimiento.
Por ello, un psicólogo puede prestar la ayuda necesaria para reescribir esa relación, de modo
que retorne bienestar y tranquilidad.
Adela Nogués.
Psicóloga. Sexóloga.