Cómo mejorar nuestra relación con los demás

Compartir nuestro tiempo con otras personas puede ser un placer o una fuente de sufrimiento. Depende de quien se trate.

Hay relaciones que nos “oxigenan” y otras que nos “asfixian”.

Dado que no siempre podemos eludir el encuentro con aquellas que “nos asfixian”, hay mecanismos que podemos poner en marcha, para que tal acontecimiento sea lo más liviano posible.

En ocasiones, y aunque nos resulte paradójico, las más complicadas suelen ser las de familia. Y por contra, las más agradables, las que establecemos con los amigos.

Todos hemos oído el comentario de que “ a los amigos los eliges tú, y la familia, te viene dada.”Este dicho, hace alusión, a eso que hoy quiero abordar.

Suele ocurrir, que las relaciones familiares están muy enquistadas, y este enquistamiento, puede acabar por provocar una cierta “pereza” a la hora de hablar con aquel familiar que nos reclama ( o al que nosotros queremos comentarle algo) o incluso, llegar a evitar  dicho encuentro y andar postergándolo eternamente. Cualquier cosa, con tal de que no se produzca.

Esta complicada (y culpabilizante) cuestión, se puede resolver. Se trata de tener en cuenta, lo que yo llamo “el factor previsibilidad”. ¿ Qué sería? El factor previsibilidad, no es más que el hecho de tener en cuenta,  que ya sabemos a priori como es y como piensa el otro (qué piensa de determinadas cuestiones, como reacciona frente a determinados acontecimientos o noticias,etc).

Por tanto, contamos con una alta probabilidad de acierto respecto a lo que nos responderá o como reaccionará.

Es cierto, que siempre tenemos la ilusión ( o el deseo), de que reaccione distinto a como sabemos que lo hará (es decir, de un modo favorable a nosotros). Pero eso no suele suceder, y nos llevamos un disgusto tremendo. Todo y que ya lo podíamos “preveer”.

Se trata de salir de esa supuesta ignorancia del otro.

¿La solución? Dado que, las cosas son como son (y por ende, las personas) y no dejarán de serlo, es más práctico, cambiar nuestra posición. Es decir, las cosas no se moverán, pero nosotros sí podemos mover nuestro posicionamiento respecto a ellas. Enfocarlo todo de otro modo.

No merece la pena enfadarme, cuando mi pareja me responde tal o cual cosa, que a mi no me gusta, si ya sé que lo hará. Es inútil esperar que el otro sea otro. El otro es el que es, y no hay más. Es un acto de toma de conciencia. No podemos seguir esperando que el otro sea aquel que a nosotros nos gustaría que fuera. Y aquí tanto se vale hablar de pareja, como de padre o de madre, como  de hijo, como de amigo, como de jefe, como de compañero de trabajo,o de clase, etc. etc.

Los otros son como son, y nosotros no les cambiaremos. O lo aceptamos, y no nos disgustamos cuando hacen o no hacen, o dicen o no dicen lo que a nosotros nos gustaría, o estaremos continuamente enojados.

Se trata de  tolerar la diferencia . Es importante ser capaz de soportar y entender, que el otro no es yo, para dejar de seguir esperando que haga “como yo haría”.

Hay tantas verdades, como personas somos. Es así. Y contra eso, no hay nada que hacer, más que aceptarlo.

Esta fórmula que parece tan sencilla de aplicar, a la hora de la verdad es dificultosa para algunas personas, ya que genera desde culpabilidad hasta rabia, incomprensión, etc. por eso, la ayuda de un profesional, en momentos en que uno pueda estar muy angustiado por su relación con alguien en concreto, es clave.

Este es uno de nuestros ofrecimientos como psicólogos: ayudar a resolver las propias dificultades para enfrentarse a dichas situaciones de forma natural y relajada.

Adela Nogués. Psicóloga. Psicoterapeuta. Sexóloga.